LA INFINITA GLORIA DE MR. PEJE Y BOROLAS

Mr. Peje y Borolas llevan peleándose 15 años. ¿No se han cansado? Yo sí.

¿Han tenido alguna ex novia tóxica? ¿De esas que no olvida, que reclama y que no puede hacer un cierre? ¿Que no puede avanzar? Esa es la realidad entre Mr. Peje y Calderón, uno necesita del otro. Como diría Fromm: “La paradoja de dos seres que se convierten en uno, no obstante, siguen siendo dos”. Aunque en el fondo su historia es más bien como una canción de Gloria Trevi.

COMO UNA PAPA SIN CATSUP

Como un bebe sin su mamila se quedó Mr. Peje en aquel lejano 2006 (tan remoto sin Facebook, twitter, Instagram, waze, Smartphone ni WhatsApp) que hizo su plantón en Reforma. Ese fue el máster-ultra del despecho. Con el corazón roto, Mr. Peje se proclamó presidente legítimo de México con sus cuates, como las novias plantadas que hacen un pijama party con sus amigas, usando el vestido de novia. Por 6 años todo México aguantó la relación amor-odio entre estos 2 personajes. Fuimos hijos del divorcio AMLO – Calderón. Unos hijos apoyaron al Papá, otros a la Mamá y seguimos nuestras vidas, bueno eso creíamos.

AUNQUE HABLE MAL DE MI LA GENTE

Las siguientes elecciones llegó un PAN debilitado, cansado y deteriorado por la guerra contra el narco. El PRD respaldó a Mr. Peje, pero el pueblo feliz estaba saturado después de 6 años de pleito. Trajo el pelo suelto todo el sexenio, se llenó la boca con todas las fallas de Felipillo y acabó hartando. Por ende, ayudó a que regresara el PRI al poder. Tristísimo. Después de 70 años los mexicanos no habíamos aprendido. No importaba que no supiera sus 3 libros favoritos o que hablara inglés terrible. Peña estaba guapetón y era digno integrante de la realeza tele novelera, al lado de la Gaviota. Todos dieron por muerto ahora sí a Mr. Peje.

EL RECUENTO DE LOS DAÑOS

El PRD decidió seguir adelante ya sin él (ooooh no, no, no, no, no, no puedo reponerme). Pero muy inteligentemente Mr. Peje formó su partido. Con un perfil bajo dejó que los dinosaurios se repartieran el pastel, reclamó, acusó, y se preparó. El crimen organizado azotaba al País, los Priistas robaban a manos llenos y Trump nos humillaba con su muro. Pero Mr. Peje aparecía muy calladito en unos debates desangelados y arrasó en unas elecciones marchitas con la cabalgada flaca, con un México desesperanzado y un Ricky Rickin Canallín.

Un presidente atípico llegaba al poder. Una izquierda inteligente podía transformar una nación saqueada. O al menos esa era la promesa.

Y TODOS ME MIRAN, ME MIRAN…

Se encendió el reflector en las conferencias mañaneras con un protagonismo propagandístico donde se podía calumniar periodistas, presumir proyectos cuestionables, sermonear, dar consejos teológicos y humillar al gabinete. Lo que inició como la continuación de la campaña presidencial se convirtió poco a poco en un teatro egocéntrico donde se dicta la agenda nacional. ¿Y Peña? ¿Y los corruptos que iban a perseguir? ¿Y la inversión extranjera? ¿Pemex? ¿EL PIB? Para todas las preguntas incómodas teníamos la baraja favorita: “El Comandante Borolas”.

CON LOS OJOS CERRADOS

Mr. Peje necesita que sus fieles seguidores no despierten y cuestionen sus actos. Que sus fans empoderados -que claman justicia- tengan algo a qué aferrarse para descargar el odio que les provoca que lo cuestionen, que lo critiquen, que abrace a Bartlett o que se contradiga. Las fieras desean una buena cebra que comer, para eso está Calderón, para que lo ataquen, lo insulten y focalicen su odio. Para que sus fans canten como quinceañeras enamoradas: “Con los ojos cerrados iré tras de él, con los ojos cerrados siempre lo amaré, con los ojos cerrados yo confío en él, con los ojos cerrados yo le quiero creer, le voy a creer” … (Vamos a acabar con domingo siete ¿ya lo vieron verdad?)

 Pero creo que podemos hacerlo mucho mejor. El discurso de Mr. Peje y los tuits de Borolas la neta aburren. ¿Cómo ven si organizamos las mañaneras al 2X1? En un podio Mr. Peje y en el otro Calderón. Que se digan sus cosas, que saquen su ira, no sé, podemos sacar unos guantes de box de peluche -para evitar heridos- y que se den con madre. ¡Qué rico circo! Olvídense de los periodistas, vendemos boletos, cervezas, palomitas, disfrazamos al Sr. Molécula como los enanitos de las luchas y buscamos a la edecán de aquél debate para que baile entre las peleas. Hasta Gatell puede declamar poesía en el intermedio. Nadie recordará el Coronavirus o la crisis. Y los jueves pueden ser de batallas de rap:

Mr. Peje:

“Tu crees que me engañas. Pero eres la mafia del poder. Conozco tus mañas. Tienes ganas de volver”.

Calderón:

“Amas a Bartlett y no puede ser. Eres corrupto y lo puedes ver. No heredaste al País, es del mexicano. Y parece que vas a darnos por el…”

Y así, como la linda República Bananera en que nos estamos convirtiendo podremos olvidarnos del crecimiento, del PIB y disfrutar del Bienestar que da una cerveza mañanera acompañada de la Peje AAA.

Creo que ya es tiempo de ir con el psiquiatra.

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